Nuestra historia

¿Qué hacemos y qué es el SAF?

El SAF

El síndrome antifosfolípido algunas veces se denomina “síndrome de la sangre viscosa” y los pacientes presentan una tendencia a formar coágulos en los vasos sanguíneos (trombosis). Cualquier vaso sanguíneo puede afectarse, ya sean las venas (vasos de pared delgada que llevan la sangre hacia el corazón) o las arterias (vasos de pared muscular gruesa que llevan la sangre desde el corazón a los órganos). Como resultado de este aumento en la coagulación, los pacientes pueden desarrollar coágulos de forma repetida, por ejemplo en las venas de las piernas (trombosis venosa profunda) o en las arterias que llevan la sangre al cerebro, causando accidentes cerebro-vasculares (trombosis cerebral). En el embarazo, la placenta puede presentar pequeños coágulos y hay un aumento en el riesgo de aborto, sobre todo en los meses iniciales del embarazo.

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La causa

Se cree que la causa son los “anticuerpos antifosfolípido”. Los anticuerpos son proteínas que se producen por el sistema inmunitario del organismo para luchar contra la infección por bacterias y virus. En algunas enfermedades, el sistema inmune produce anticuerpos que de forma errónea atacan los propios tejidos corporales. El resultado es una enfermedad autoinmune de la que el síndrome antifosfolípido es un ejemplo. 

Tratamiento

El objetivo fundamental del tratamiento es disminuir la tendencia de la sangre a coagularse. Esto habitualmente se consigue con pastillas de anticoagulantes orales llamados dicumarínicos (sintrom). Se toman diariamente, requiriendo análisis periódicos de sangre para asegurar que el grado de anticoagulación sea el adecuado. Esto se hace mediante un análisis de sangre llamado INR que compara la tendencia a coagular de la sangre del paciente con un estándar. Los pacientes con síndrome antifosfolípido que han tenido trombosis en varias ocasiones deben recibir tratamiento con anticoagulantes orales.

Viviendo

Si se trata correctamente, el pronóstico es bueno. El tratamiento con anticoagulantes orales disminuye el riesgo de nuevos coágulos tanto en venas como en arterias, pero el tratamiento debe hacerse durante largos periodos de tiempo e incluso durante toda la vida, pues hay gran riesgo de nuevos coágulos al interrumpir el tratamiento. Además, como ya se ha comentado, es necesario hacer análisis periódicos de sangre para asegurar que el grado de anticoagulación es correcto.

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